Dale una oportunidad al Tao
La práctica del Zen es una experiencia muy personal, que releva de lo indecible. Por eso me cuesta en general hablar de ella, me complica hacer estas charlas dharmas: por lo personal, me da pudor, y por lo indecible, me hace dudar de la utilidad de estas palabras.
Sin embargo, hace unos días, leí algo que dice el Maestro Keizan en El registro de la transmisión de la luz, a propósito del campo de lo indecible: “si no te vuelves como piedra, si golpeas el cielo y produces un eco, juntas las nubes y produces formas, observas el lugar donde toda huella desapareció y no te escondes ahí, estarás bien.” “Golpeas el cielo y produces un eco” me hizo sentido y me pareció entonces que sí, poner lo indecible en palabras podía ser útil, hasta necesario, hasta inevitable.
Quisiera referirme a las expectativas que uno tiene al empezar a practicar Zen. Algo nos mueve hacia algo de lo cual no sabemos en realidad nada aún. Esperamos encontrarnos con algo nuevo, distinto y mejor. Esperamos liberarnos del caos de nuestros pensamientos, de nuestra rutina cotidiana y refugiarnos en un espacio de claridad y de calma. Hasta esperamos llegar a no tener expectativas.
Y bueno, a menudo, resulta que no es así. En Sesshin – que a veces llamamos retiro -, suele pasar todo lo contrario. Nos vemos abrumados por más pensamientos, más emociones de las más intensas, diversas e incomprensibles. Lo cotidiano se hace más presente en la importancia que cobra cada uno de los ínfimos acontecimientos en torno a la práctica. O, a veces, simplemente no pasa nada especial.
Y podríamos concluir que esto no funciona, o al menos no con nosotros.
Robert Aitken dice “Algunas personas usan la palabra “retiro” en lugar de Sesshin. Está muy mal. (…) Sesshin tiene tres sentidos “tocar la mente, recibir la mente y llevar la mente. Usar “retiro” por esta rica ambigüedad menoscaba la práctica.”
Claramente, el Zen no sirve para alejarnos de nuestra vida y llevarnos hacia algo distinto.
Primero que todo, no hay una vida distinta de esta, no hay un lugar distinto de éste; esta vida, este lugar ya lo contienen todo, no se le podría ni agregar ni quitar nada.
Tampoco hay un antes o un después de empezar la práctica del Zen. No hay otro momento que éste, el que también contiene todos los momentos.
Tampoco hay algo que entender o aprender, en un sentido teórico, sólo se trata de vivir la vida con mente de principiante, dejando de lado lo conocido, lo preconcebido y los prejuicios.
Finalmente, la experiencia es la experiencia, en el Zen también caen las nociones de bueno o malo, de peor o mejor.
Es decir que encontrar algo nuevo, distinto y mejor ciertamente no es una expectativa que el Zen vaya a satisfacer.
¿Cuál es entonces su sentido? ¿A dónde nos lleva?
Cuando un monje dijo al maestro Kempo “Me pregunto dónde está el camino”, éste levantó su bastón, dibujó una línea en el cielo y dijo “aquí está”. Esto le hace eco al golpear el cielo de Keizan.
Keizan también dice en un poema: “Si quieres revelar el cielo, no lo tapes / Está vacío, tranquilo y originalmente brillante.”
Entonces, quizás, no habría que ir en ningún sentido, a ningún lado, y dejar que lo que no es imaginable de antemano, se manifieste sólo.
No hace falta generar un fenómeno, una situación o un estado, sino más bien olvidarse, por un rato, de uno mismo, confiar y permitir, un rato, que Zazen practique Zazen, que movimientos practiquen movimientos y que el darse cuenta se dé cuenta. Olvidarse, un rato, de lo nuevo, distinto y mejor que uno persigue y de lo que habría que hacer para alcanzarlo, es darle una oportunidad al Zen. Aitken Roshi dice “Muchos de nosotros empezamos a practicar porque no nos aceptamos plenamente. Bajo buena guía nos encontramos en un proceso de olvidarnos de nosotros mismos y de realizar que esto es realmente la forma de descubrir el único que ha estado ahí todo el tiempo. Dale una oportunidad al Tao. Date una oportunidad a ti mismo.”
Ahora, olvidarse de uno, de la metas y de los medios, dejar que el Zen practique Zen, no significa que uno deje de practicar. Esto no es para nada algo que estemos acostumbrados a hacer, muy al contrario. Sólo un entrenamiento sincero, perseverante y constante puede permitir que esto ocurra.
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